La demora no era injustificada. Mis comentarios al respecto eran acerca
de una reñida lucha para alcanzar la silla presidencial. Tenía razón.
Poco antes de la media noche —hora de Cuba— el Consejo Nacional
Electoral de Venezuela rindió ante el mundo los resultados finales de
las votaciones de este 14 de abril: Nicolás Maduro, candidato socialista
ha sido confirmado como presidente, pero con un margen de diferencia
abismalmente escaso.
Con un 50.66% de los votos, el líder chavista ha sido ratificado como
presidente; mientras que Henrique Capriles, cabeza de la oposición,
obtuvo un 49.07% del total.
La participación no excedió del 78% de los venezolanos con capacidad de
elegir, lo cual hace saltar una pregunta: ¿qué hubiese sucedido si unos
miles de venezolanos más hubieran votado? ¿La historia se escribiría con
C y no con M?
Ciertamente, muy por debajo de los 10 millones de votos anhelados y
prometidos por el presidente Maduro ante sus seguidores, estas
elecciones han dejado un sabor agridulce a los líderes del gobierno
chavista que tendrán que pensar en reinventarse políticamente para
alcanzar esa mayoría que tanto desean. De nada vale tan solo apoyarse en
la emblemática figura de un líder de pueblo en masa, necesitan mostrarse
capaces de llevar el liderazgo que Venezuela espera y pide con gritos.
Este 14 de abril, los venezolanos han renovado su confianza en el
proyecto iniciado por Hugo Chávez. Desean comprobar si puede seguir
adelante la Revolución, sin la presencia de su supremo líder. Es por
ello que los próximos seis años serán decisorios para preservar lo
existente o dar nuevos rumbos a la nación sudamericana. La verdadera
batalla comienza ahora.
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