Reconozco que no soy fanático, ni mucho menos experto en los deportes. Pero también reconozco que siento y padezco por mi equipo, tal como muchos otros. Ello aunque la mayoría de las veces deba pedir a mi acompañante que me explique la jugada.
Digo esto porque prensa especializada hay mucha. Y no pretendo para nada hacer un comentario técnico. Aunque sí sentirme algo orgulloso de mi equipo, el Villa Clara, que por estos días no solo representa a mi provincia, sino a toda la Isla, a toda Cuba.
La Serie del Caribe nos fue ajena por más de 50 años y este 2014 finalmente regresamos a ella. El baseball nacional disfruta de un nuevo espacio, uno que nos fue negado durante mucho tiempo, demasiado tal vez. A ello quizá debemos parte de lo que no se ha podido hacer en los encuentros jugados hasta ayer 4 de febrero.
Algunos han alzado su voz (con espacio en los medios de comunicación) para criticar sin ningún reparo el desempeño del equipo villaclareño. Otros han valorado más allá y han visto en los errores cometidos y los triunfos no conquistados: un problema de la pelota en Cuba. La necesidad de trabajar para ubicarnos a la altura del deporte profesional y en la lead a la que estamos habituados.
Veo, desde mi modesta e inexperta posición de espectador, que ciertamente no estamos al nivel que muchos de los equipos a los que nos enfrentamos. A pesar de que en el terreno hay jugadores acostumbrados a competir en este tipo de eventos que han demostrado años de excelencia.
Creo que hay situaciones tras el telón del juego que han afectado a nuestros peloteros, les han indispuesto y contrariado; y no me oculto para decir que la presencia (injustificada) de Víctor Mesa en el management de la selección ha sacado a flote viejas rencillas y heridas que aún están presentes.
Si el premio de participar en la Serie del Caribe, era para el ganador de la pasada Serie Nacional de Baseball en Cuba, considero que no era necesario llevar más personal que aquel que se coronó campeón: el equipo, sus refuerzos y su team de dirección. Personas ajenas a aquel triunfo, sobran.
Pero lo cierto es que no todo sucede como esperamos y el Villa Clara no ha sido el mismo que vimos hace unos meses. Pero me siento feliz, porque como el ave fénix, nuestra novena ha sabido resurgir de sus cenizas y en un maravilloso juego contra Puerto Rico, este 4 de febrero obtuvo su primera victoria del encuentro.
Si pasará o no a la siguiente ronda, eso está aún por conocerse. Pero si se despidiera ya, al menos lo hizo mostrando las garras del leopardo que identifica al equipo, esas que algunos pensaban no verían.
Por eso me siento contento. Por haber confiado en un equipo que hasta el último momento da todo en el terreno. Y aun, si pierde, no decepciona a sus seguidores: a los que sentimos el color naranja; a los que, en toda Cuba, hoy viven el color naranja.


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