No me voy a hacer eco de lo que dicen algunos por la calle. Tampoco voy a hacer leña del roble, que aunque abatido, aún matiene su vigor y elegancia. Villa Clara culminó su viaje en esta Serie Nacional de Baseball, no como hubiésemos querido, no como pusiese haber sido, pero terminó su camino.
En una histórica semifinal, nuevamente Villa Clara-Matanzas, el éxito esta vez sonrió a los cocodrilos, de los cuales digo en la mejor de las leads: ganaron con honor, se lo merecían.
Los leopardos naranjas de este año distan mucho de los que nos hicieron brincar de emoción con una final CINCO ESTRELLAS que hasta a los más apáticos les hizo encender la televisión.
Extrañamos en el montículo a nuestro Freddy, extrañamos la agresividad y entusiasmo que desbordaba ese uniforme hace son unos meses y el orgullo que sentíamos al escuchar hablar de nuestro equipo en los medios nacionales.
Hoy la contienda continúa con otros tres grandes: Pinar, Industriales y Matanzas. De ellos tendrá la pelota cubana un nuevo campeón, un nuevo monarca.
Pero en el corazón de los villaclareños, aun en los de aquellos que de tan fans ahora son los mayores críticos del equipo, el Villa Clara, será por siempre nuestro campeón. La novena que nos hace reír y temblar de emoción y de quien siempre, aunque no lo digamos, estaremos orgullosos.
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