Saben, cuando alguien se dedica a
escribir, sea cual sea su profesión, se hace sencillo y habitual traducir
imágenes y pensamientos, sensaciones y experiencias en palabras, frases,
párrafos…
Desde que
estudio Periodismo me he dado cuenta de ello, pero también he descubierto otra
cosa: por más que tengamos el hábito de escribir, nunca será fácil cuando se
tiene que hacer para una persona especial, alguien que nos llegue de cerca,
alguien que signifique todo para nosotros.
En ese
entonces no se encuentran las palabras, nada parece lo suficientemente hermoso,
o suficientemente bueno, y a veces tenemos que rendirnos ante lo simple: abrir
el corazón y decir aquello que esa persona y solo ella puede entender como lo
más sublime.
Para mí, de
entre todos mis grandes amores, hay uno en especial: mi novia, mi eterna novia.
Una mujer que
es todo cuanto he deseado en la vida. Sencilla, elegante, hermosa, inteligente,
delicada, femenina, agradable, dulce, sincera, tierna, amorosa, fuerte, de
carácter, decidida, entregada… ¿mencioné que es mi novia?
A ella la amo
desde que me acuerdo, sí, como dice Arjona; y sí, ella siempre ha tenido un
lugar especial, no solo en mi cuaderno, sino en mi vida. Porque, aunque a
algunos no les guste y me digan adulador, me encanta presumir de ella.
Recuerdo
cuando de pequeño mis amiguitos de la escuela siempre me decían lo bien que
lucía mi amor, lo elegante que era cuando iba a verme en tacones y uniforme.
Recuerdo lo
feliz que me sentía al verla después de todo un día y como la besaba, y aun lo
hago, como si no la hubiese visto en años.
Nunca he
estado separado de mi novia, al menos no tanto. Su compañía siempre me ha hecho
falta, se me hacía necesaria cada día, así como a ella la mía, quizás a veces
solo para mirarnos, o decirnos un simple “te quiero”, darnos un beso o
adularnos el uno al otro.
Mientras
crecía de ella aprendí muchas lecciones que me han marcado, desde las dulces
melodías que me cantaba, hasta las fuertes enseñanzas con las cuales me
corregía y hacía de mí un hombre, como dicen por ahí: hecho y derecho.
Hoy día mi
novia está lejos, vive en otro país. Nos hablamos a menudo, nos escribimos
diariamente y de vez en cuando nos enviamos fotos.
Hay quienes no
creen en el amor a la distancia. Soy de los fervientes believers, porque para mí el amor no tiene límites, y menos si es
en una relación tan especial como la nuestra.
Mi novia hoy
dice que se está poniendo vieja, yo la veo tan bella y hermosa como la primera
vez. Como aquellos vagos recuerdos que tengo en mi memoria y que las
fotografías de mi infancia me hacen volver a vivir.
Hoy estamos
lejos, mañana podremos estar otra vez juntos, pero sea en la cercanía o la
distancia: nuestro amor no morirá, nuestra relación perdurará. Es que la pasión
que hay entre mi novia y yo es algo hecho por Dios para la eternidad.
Muchos
disfrutan hoy de este amor, otros tal vez solo puedan recordarlo porque no la
tengan a su lado, pero todos nos podemos sentir dichosos porque hemos amado y
sido amados por el ser más sublime en este mundo, la persona más especial de
nuestras vidas: nuestra madre… y me permito el egoísmo en este momento, ese ser
tan especial eres tú Maribel Ayala Carmona, mi eterna novia, mi gran amor… mi
mamá.

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