Con más de una veintena de zonas habilitadas en toda Cuba —espacios de cabeceras provinciales y polos turísticos— ETECSA dispuso la libre conexión mediante cuentas temporales o permanentes de Nauta, para todos aquellos con dispositivos capaces de recepcionar la señal.
Al principio se sentía como los primeros meses de casados. No hay inconvenientes, ni discusiones… todo es un Edén. Sin embargo, la serpiente siempre llega para acabar con la tranquilidad y esta vez bajo la imagen de burocracia e infraestructura ¿insuficiente o mal planificada? Lo dejo a su criterio.
Los inconvenientes surgieron cuando los usuarios, en las horas pico del día, se daban su brinco hasta los parques o demás zonas WiFi. Luego de hallar un asiento, rincón de la acera, o piedra a la sombra de un árbol y abrir sus portátiles o activar sus celulares, el golpe llegaba al darse cuenta de que no podían conectarse.
Luego de quizá una veintena de intentos, ir a dar una vuelta por las tiendas y dejar pasar un poco el tiempo para reintentar la conexión: voila, ¡conectados a Nauta! Ahí comenzaba entonces el nuevo suplicio: las lentas velocidades con las cuales debíamos navegar la red.
Hay incluso quienes, algo más avezados en el tema, se han dado a la tarea de estudiar el terreno y evitar obstáculos y propiciar la distancia más cercana entre el AP y ellos. Sin embargo, cuando el número de usuarios es demasiado, es prácticamente una tortura ver cómo se van nuestros minutos de conexión, sin apenas haber podido cargar nuestras páginas en las redes sociales.
Sin embargo, acostumbrados a “pasar trabajo”, los cubanos intentamos obviar estos “detalles” y miramos optimistas aunque la cara nos cambia completamente cuando agotado nuestro tiempo de conexión vamos hacia los Telepuntos para hallarnos ante un maremágnum de clientes, aglomerados en la entrada en interminable cola.
Desconozco si en otras ciudades del país sucede de este modo. Desde el verano pasado, en Santa Clara, ETECSA dispuso que se realizaría una única fila para acceder a sus instalaciones, sin importar cuál fuese el trámite a realizar, a excepción de aquellos relativos a propiedades de teléfonos.
Resulta entonces que para poder recargar la cuenta Nauta debemos marcar una cola, que con buena suerte nos permitirá lograr nuestro cometido, luego de un mínimo de hora y media de espera.
Espera que aprovechan los revendedores, quienes como fieras al asecho usan el desespero por calor y la multitud, para erguirse salvadores que por 50 centavos más nos ofertan las tarjetas de conexión que tanto anhelamos adquirir. Es que, a río revuelto…
¿Acaso no sería más productivo incorporar la venta de cupones de recarga y tarjetas Nauta dentro de los servicios ofrecidos por los Agentes de Comunicaciones, cuentapropistas en convenio con ETECSA, desplegados por la ciudad? Una vez más, infraestructura ¿ineficaz o mal planificada?
Lo cierto es que a pesar de que WiFi Nauta es un paso importante en el proceso de democratizar y extender el internet en el país, no pocos son los inconvenientes que aún presenta su correcto funcionamiento. Algunos solubles con facilidad, otros quizás no, pero que sin dudas demanda de los directivos de nuestra única empresa telefónica sentarse a pensar un poco más en sus clientes… al fin y al cabo, si pagamos, es lo mínimos que merecemos.



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