martes, 26 de febrero de 2013

Los vaivenes de la Feria


En estos días le pregunté a un amigo de la universidad cómo sería su Feria del Libro soñada y él no tuvo que pensarlo mucho para darme su respuesta: bien surtida en libros, presentaciones… y sin tanta «matazón».

Coincido con su criterio porque es una realidad, mientras año tras año el Instituto Cubano del Libro prepara uno de los acontecimientos más amplio y gigantesco para la difusión de la literatura, no tiene en su previsión de contingencias el alboroto extremo que trae consigo estas jornadas de ventas y exposiciones.

A la altura de los deportes nacionales, la pelota y «la cola», este evento en su viaje por toda Cuba; atrae público en grandes concentraciones, ello provoca que acceder a los puntos de venta y más aún, poder llegar a tener un ejemplar en las manos, requiera de gran fuerza de voluntad y determinación por parte del lector.

Pero no siempre se alcanza, sobre todo aquellos títulos de alta demanda, muchas veces consignados en los listados oficiales de la Feria, pero que nunca llegan a estar en los estantes.

Las causas varían, pero resultan recurrentes los pocos ejemplares que son impresos, la gran cantidad que se disponen para la venta en la Capital (La Habana) en comparación con el reducido número que es enviado a las restantes provincias y los atrasos en las tiradas —sobre todo en las editoriales locales— lo cual provoca que los textos lleguen a las librerías sumamente tarde.


Pero durante estas ocasiones, esperadas para conocer lo más reciente en producción literaria, no solo hay que lidiar con los empujones y machucones de pie, con los gritos de la señora del lado o con los precios a veces flotantes sobre nuestras cabezas, sino también con esas plagas del mercado de oferta y demanda: los acaparadores y revendedores.

«Mi niño necesita un diccionario para las tareas de la escuela, pero sacan unos pocos cada día y siempre aparece alguien que los compra todos» comentaba una madre frustrada que durante la pasada edición intentó adquirir uno de estos libros imprescindibles en cada hogar.

En una ocasión presencié una acalorada discusión porque los miembros de la cola estaban en desacuerdo con que la persona de adelante comprara casi todos los ejemplares de Lo esencial de la Ortografía, libro que recoge lo básico del correcto escribir y que tan útil es para los estudiantes.

«Se ve a las claras que los compran para revenderlos después, al doble de su precio, ¡eso es un descaro!» comentaban entre sí algunos posibles compradores ante su impotencia.

Pero no todo es calamidad, porque ciertamente deseamos leer y febrero junto con su aroma de amor nos acerca cada año a esos viejos amigos: los libros.

Es cierto, en esta 22 Feria Internacional del Libro viviremos jornadas acaloradas, por la temperatura ambiental y por los esfuerzos para comprar los libros, pero en realidad vale la pena.

Reza un viejo refrán que las cosas valiosas cuestan trabajo, así se disfrutan más… y díganoslo a nosotros los cubanos.

A partir de este 26 de febrero Santa Clara está de Feria. Con sus pros y contras, pero con el disfrute de cada ocasión. Ojalá esta sea la feria soñada por mi amigo, tal vez sí, tal vez no, el tiempo y los libros lo dirán.


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