miércoles, 27 de febrero de 2013
Los vampiros en Santa Clara reclaman otra víctima… a José Martí
«No sé si tomarlo como una excelente oportunidad o como una gran ofensa» dije al entrar a la Redacción del diario, acababa de llegar de mi paseo por la 22 Feria Internacional del Libro en su primer día en Santa Clara. La causa de mi comentario: las Obras Completas de José Martí están a la venta a un precio que oxcila, y lea bien: ¡entre uno y cuatro pesos!
Cuando me lo comentaron no lo pude creer. «Señores, ¿tanto hemos devaluado a Martí?» dijo mi cuñado quien se enteró temprano en la mañana y me lo compartió asombrado.
No obstante fui a comprobarlo, pero para mayor asombro, no solo corroboré los precios, sino también la total indiferencia con que los compradores pasaban y —en el mejor de los casos— le daban una breve mirada de arriba a abajo al stand y trasladaban su vista hacia Vampiros en la Habana, una copia literaria de la conocida película cubana de animación.
Pero no quiero hablar de vampiros, aunque tal vez sí, porque creo que alguno tuvo que amenazar con sus filosos y mortíferos colmillos a los responsables de la Feria para que pusieran esos precios a los escritos del «más universal de los cubanos», justamente en el 160 aniversario de su natalicio, mientras que otros tantos textos escritos acerca del mismo Martí cuestan el doble y hasta el cuádruple que sus Obras Completas.
Normalmente estos libros se encuentran rara vez en las librerías y si aparecen son ejemplares de segunda mano y sus precios no bajan de los 100 pesos, ¡100 pesos! Me han dicho que Cuba es el país de las contradicciones, hasta yo me he hecho eco de este comentario y hoy lo tengo que reafirmar.
Si se trata de acercar al público a este grande de nuestra historia y literatura, pues muy bien, aplaudo el intento, pero igualar en costo la literatura de Martí con un número de la revista infantil Zunzún, o con alguno de los libros de colorear me parece una tremenda ofensa.
¿Será acaso que deseaban librarse de estos libros llenos de polvo y —algunos— carcomidos por las polillas? No, no seamos tan pesimistas, pensemos que quizá estaban por allí olvidados y decidieron que era mejor darles un poco de aire y si de paso se vendía alguno, pues ¡fantástico!
No sé, aún no sé como tomar este hecho, lo cierto es que compré algunos para mi biblioteca personal, quién sabe, tal vez sea esta la última vez que los vea a la venta, pues —tal como dijera una amiga— «con el precio que tienen si los encuentra el vendedor de mani de mi barrio, los compra todos para hacer sus cucuruchos».
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