A veces uno se queda sin palabras cuando quiere analizar un hecho. Son muchas las ideas que vienen a la mente y desde la profesión periodística, los que apenas nos adentramos en este mundo de contar la realidad, intentamos prever repercusiones e implicaciones, y sinceramente llegamos a aturdirnos.
Las horas de retención del presidente boliviano y la negativa de volar en el espacio aéreo de Italia, Francia, España y Portugal ha tensado como nunca antes las relaciones entre América Latina Unida, el Viejo Mundo y los Estados Unidos.
Lo que ha sido considerado una agresión, no solo hacia el Estado Plurinacional de Bolivia y su presidente, sino hacia la región, Unida como nunca antes, ha provocado que muchos examinen a fondo la situación generada y qué pudiera representar para un futuro entre los países involucrados.
Algunos medios de comunicación han tildado esta acción como muestra de poderío imperial. Hay quienes lo ven como un resurgir de la potestad de Primera y Gran Potencia Mundial ostentada por los Estados Unidos de América. Yo creo que va mucho más allá.
Ya lo preveía en un post anterior, cuando hice alusión a la posibilidad de que mi país brindara asilo a Eric Snowden: “¿acaso Cuba pasará a estar en medio de un conflicto tan tenso y delicado?”… “Lo que más me preocupa es lo que puede hacer este caso a las ya tensas y precarias relaciones diplomáticas Estados Unidos-Cuba y sus posteriores consecuencias.”
La situación sigue siendo delicada y he aquí una de las primeras repercusiones, pues la causa de la retención del vuelo de Evo Morales, fue la sospecha de que Snowden viajara en el avión presidencial en busca de asilo político, lo que provocó tal acción que bien pudo tener un desenlace fatal por la falta de combustible y la imposibilidad de aterrizar.
Pues, más allá del caso en sí, veo que la diplomacia está quedando detrás. Las antiguas posturas de diálogo han sido olvidadas, y ante la insubordinación de quienes antes respondía Yes! a cuanto la nación norteña decía; el gobierno norteamericano y sus aliados estratégicos en Europa manifiestan su deseo de no perder el protagonismo y autoridad que el Imperio siempre ha tenido sobre sus colonias.
No he visto en mis años de vida nada parecido, pero lo cierto es que no debe sorprendernos si en los próximos meses las actitudes de hostilidad entre las potencias de siempre y el pujante Sur continúan en ascenso.
¿Hacia dónde nos guiará esta vuelta hacia antiguos conflictos? Nadie lo sabe, pero ciertamente espero que no sea hacia acciones de las cuales no haya marcha atrás y que tengamos que lamentar.
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