Por favor no me acusen de extremista, pero sinceramente lo de Salud Pública en Cuba no tiene nombre, o sí, pero ese me lo reservo para mí.
Escribí hace unos días acerca de los malos tratos que un paciente recibe al ir a atender su salud en una institución como los policlínicos, aquí en mi ciudad de Santa Clara. Uno pudiera pensar que ya eso de por sí es mucho, pero cuán equivocado está quien así cree.
Convaleciente aún de un fuerte virus de catarro, mi sobrino de siete años tuvo que ir hoy al Hospital Infantil de esta ciudad. Comenzar a enumerar los tropiezos y contratiempos sufridos sería escribir demasiado.
Cuando finalmente una doctora amiga nuestra lo atendió, le recetó unos antibióticos —gracias al Cielo— de los que pueden comprarse en la red de farmacias porque he ahí el primer problema: hay desabastecimiento total de medicamentos en toda la ciudad y si de antibióticos se trata, solo los pacientes ingresados tienen acceso a ellos.
Finalizada la consulta le indicaron una radiografía pulmonar para ver en qué estado se encontraba, pues lleva casi una semana con mucha tos y permanente fiebre. Llegó ahí otro contratiempo: de dos salas de Rayos X, solo una se encuentra en funcionamiento, la otra —la de urgencias— tenía un cartel escrito a mano por el técnico, donde se leía que había salido y regresaba luego… luego se tradujo en una espera de nunca acabar, en la cual, si algún niño llegaba de haber sufrido un accidente, allí mismo podía morir… en la espera.
En el otro laboratorio la cola era tal que fácilmente podía finalizar a las seis o siete de la tarde, sí, porque lo que no les he contado es que el Hospital Infantil de Santa Clara se encuentra atestado de padres y pequeños, con diferentes padecimientos, con diversas enfermedades respiratorias esperando poder ser atendidos.
Uno tendría que vivirlo: la impotencia ante la desatención de la mayoría de los especialistas, el dolor al ver a nuestros hijos o sobrinos o nietos padecer enfermos y no poder darles el medicamento, porque no lo hay.
Así mismo la negativa de realizar análisis clínicos, porque hay que reducir costos, y esto lo sé de primera mano por haberlo escuchado en las reuniones de sindicato de los trabajadores de la salud.
¿De qué potencia hablamos? ¿Cómo Margaret Chang puede creerse el cuento de que no hay sistema de salud mejor que el cubano? Sí, estamos muy dispuestos a mandar a nuestros especialistas para el extranjero a las más disímiles misiones, pero ¿y la misión principal?, la de garantizar la salud y la calidad de vida de nuestro pueblo, esa, ¿quién la cumple? Les juro que no tengo la respuesta.
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