martes, 4 de noviembre de 2014

Desidia a la N potencia

En Cuba hay una fuerte virosis que afecta a niños entre 7 y 10 años. Un catarro típico de esta etapa del año, en que comienza a hacer frío de momento tras intensos días de calor. Una amiga pediatra atendió hace dos días a más de cien niños, ¡tan solo en la mañana!

Hoy mi sobrino —víctima de este virus— y que lleva dos días con fiebre de 39 y medio grados, fue llevado por segunda ocasión a un puesto médico cercano a mi casa, un policlínico.

Allí esperábamos fuera atendido y que tal vez le realizaran algunos análisis para descartar la posibilidad de dengue o cualquier otra de las enfermedades que hoy día se encuentran en auge en toda Cuba.

Al llegar una doctora —y quede claro que no fue una estudiante de Medicina, sino una profesional graduada— lo primero que hizo fue, en pésima forma, decirle a la madre del niño: ¿Y tú no le bajaste la fiebre?

Mi hermana, manteniendo la compostura a pesar de que su sangre hervía por el maltrato y desinterés de esa "profesional" le explicó que sí, pero que la fiebre persistía. La doctora mandó a que le pusieran compresas y lo inyectaran.

Luego de suministrado el medicamento pasó casi media hora y nadie se acercaba a mi hermana y mi sobrino para saber cómo estaba el niño. Mientras ellos pacientemente esperaban en el policlínico.

Al cabo de ese tiempo un estudiante de Medicina allí de guardia quiso indicarle algunos análisis para estar seguros que fuera una virosis, pero cuando fue a solicitar la firma de la doctora esta se negó rotundamente: ¡No hace falta! —espetó, a lo cual el estudiante intentó disculparse apenado, ante los padres.

Señores, nos cansamos de decir en este país que somos UNA POTENCIA MÉDICA, pero de qué sirve preparar por centenas a profesionales de la salud si cuando van al ejercicio de la profesión lo primero que olvidan es que tratan con personas enfermas, que van buscando ayuda, que no se sienten bien y necesitan no solo que se les recete un medicamento, sino que se les trate con respeto y empatía, con delicadeza y atención.

Yo me pregunto si nuestros especialistas son igual de groseros en las misiones en el extranjero. ¿O es que acaso, ya que su trabajo no es tan bien remunerado como cuando tratan a pacientes en otros países, la atención a cubanos no tiene que ser esmerada?

"Mi tío perdió su ojo porque lo pelotearon de aquí para allá y nunca le hicieron la operación, la misma que sin costo alguno los médicos cubanos realizan en otras partes del mundo", me contó un amigo.

Ejemplos como este he escuchado por decenas y yo me pregunto tras chocar con la cruda realidad de que la atención médica en Cuba está en decadencia: ¿de qué sirve vender una imagen de potencia, si nuestros ciudadanos no se la creen?

Me gusta pensar que no todo está perdido, que personas como mi amiga tras una mañana entera atendiendo a más de cien niños aún tiene fuerzas para brindar una sonrisa para el paciente y el acompañante y hacer bien su trabajo.

Me gusta pensar que doctores como esa que hoy atendió a mi sobrino no son los que abundan y que la desidia no siempre está presente en nuestro Sistema de Salud Pública. Pero a veces mi fe me falla y me cuesta creer que existen esperanzas y que al final el cuento de ser una potencia es tan solo eso, puro cuento.

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