sábado, 6 de diciembre de 2014

Lápices que deciden el futuro

Prueba de Aptitud en la Universidad Central
«Marta Abreu» de Las Villas, 6 de diciembre de 2014

Con el recuerdo aun fresco en mi memoria, hoy veo muchos rostros que se me antojan el mismo que hace seis años, teníamos mis compañeros y yo al presentarnos a las pruebas de aptitud para optar por la carrera de nuestros sueños: Periodismo.

Hoy cuando ya casi estoy al dejar la universidad y cumplir el anhelo de ejercer la profesión, encuentro un nuevo grupo de muchachos de preuniversitario, con escasos 16 o 17 años, que se enfrentan a uno de los momentos más importantes que hasta ahora han vivido.

Los padres, hermanos y hasta amigos que les acompañan en la espera de cada una de las tres fases de la prueba —conocimiento y cultura generales, redacción e interpretación, y una entrevista personal— hablan, bromean, preguntan “¿qué te salió?”, pero todos con el corazón latiendo fuerte y a la espera del “sí” para sus muchachos.


“El 30… el 15… el 24…” 

 

Así, uno por uno, van llamando a los afortunados que siguen a la siguiente etapa. Las expresiones de alegría, deseos de gritar, de brincar y abrazar a cuantos tienen a su alrededor hablan más de lo que este reportero pudiera decir. Al verles —y sin conocer personalmente a ninguno— experimenté las emociones que ellos estaban viviendo, ese júbilo sin igual de recibir el premio esperado.

También los padres dicen mucho, y quizá mucho más de lo que imaginamos mientras estamos dentro decidiendo nuestro futuro profesional. Ellos conversan, dan criterios acerca de la prueba, hablan orgullosos de sus hijos y se sienten felices por verles crecer y luchar por lo que quieren.

Hoy sin dudas me acuerdo de aquel 27 de diciembre de 2008, de aquellas horas de estrés y tensión, de aquella prueba que cambió mi vida y que hoy me permite escribir sobre uno de los momentos más intenso que siempre atesoraré especial en mi vida.

¿Cuántos llegarán al final? ¿Cuántos conseguirán alcanzar las pocas becas? Bueno, allí queda el suspenso. Como decían los gladiadores: “La suerte está echada”. Y tal como cada año sucede, una nueva generación llegará a las aulas universitarias con el deseo y la energía necesaria para hacer un Periodismo digno, nuevo, irreverente y polémico… el que anhelamos todos, el que ahora mismo se decide en los lápices de estos muchachos.


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