viernes, 28 de febrero de 2014

Poco para escoger


La escasa cantidad de novedades editoriales en la 23 Feria Internacional del Libro ha sido uno de los temas más comentado por el público asistente. No hay mucho para escoger, no hay mucho para comprar.

Aunque año tras año este es un reclamo usual, durante esta edición se hizo más que evidente la carencia de libros a ofertar. No pocos de los que están a la venta pertenecen a Ferias pasadas y solo unos tantos aparecen por primera ocasión.

Los vendedores particulares brindan una oferta  
no solo variada, sino interesante.
Igualmente —y como golpe a primera vista— no hay en la ciudad de Santa Clara tantas carpas habilitadas para la oferta de libros, como suelen haber. Ello de por sí alerta a los compradores de que no hay tanto para llevar, lo cual, a pesar de todo, no desilusiona a quienes caminan de arriba abajo los diferentes stands en busca de algún título de su interés. 

Pero una oferta que para nada ha menguado, sino que de una o dos mesas durante la Feria pasada, en esta cuenta con varios puntos de venta, es la de libros antiguos y de uso vendidos por particulares.

En estos stands, un poco improvisados algunos, otros con mayor y mejor presentación de su mercancía; el público puede encontrar desde manuales de empresa y enciclopedias, hasta novelas, cuentos y libros considerados más que raros y escasos.

La oferta principal la constituyen títulos que hace bastante no se editan en Cuba, algunos de procedencia extranjera, y otros que con el tiempo han desaparecido, incluso, de nuestras bibliotecas escolares y públicas.

Pero si bien la posibilidad de adquirir muy buenos libros de esta manera es un gancho más que comercial, al echar una ojeada a los precios estos últimos hacen retroceder a más de un interesado, y devolver lo tomado al estante con suma velocidad.

Manuales de economía, enciclopedias médicas…
muchos son los que encuentran en estos stands
 la literatura necesaria para sus estudios.
Y es que los precios, salidos al parecer de una novela de ficción y terror, en no pocas ocasiones limita al público de adquirir los ejemplares a la venta.

En algunos casos los precios se justifican por el estado del libro y el título que se vende, pero en otras tantas, está más que injustificado pedir cincuenta pesos por una edición corriente de «Sandokam». ¿Qué opina usted?

En lo que va de la 23 Feria Internacional del Libro en Villa Clara, al menos dos queja-sugerencias están bien conformadas: no hubo suficientes novedades a la venta, y a los stands de los particulares, o vas con la billetera abultadita o mejor pasar de largo.

No hay comentarios:

Ads Inside Post

Disqus Shortname

Comments system