lunes, 26 de enero de 2015

El pueblo pregunta: ¿y ahora qué?

Me contuve de escribir en estos días en espera del rumbo que tomarían las conversaciones entre Cuba y Estados Unidos. Al igual que millones de cubanos, dentro y fuera de la Isla, me debatía entre la expectación entusiasta y el escepticismo razonable. ¿Qué traería consigo esta primera ronda de conversaciones tras 35 años de inexistente diálogo?

Más allá de las decisiones tomadas —muchas de ellas ya esperadas— la “noticia del día” es justamente que, parafraseando la célebre frase de Antonio Maceo cuando rechazó el pacto de paz brindado por el ejército español, en esta ocasión “SÍ nos entendemos”.

Pero fuera del campo de los acuerdos y muy lejos del lente de la prensa, la opinión pública cubana se pregunta cuáles serán las ventajas o desventajas para el pueblo. Sí, pues estamos tan acostumbrados a buscarle la cuarta pata al gato, que aún esperamos que de un momento a otro el castillo de naipes se venga abajo.
 

No se nos puede culpar por esta actitud, pues además es algo plausible. Tomemos por ejemplo la Ley de Ajuste Cubano. Todos temimos que al restablecerse las relaciones diplomáticas entre ambos países esta legislación pasaría a la historia. Mas a pesar de los pronósticos y especulaciones, el gobierno americano ha decidido mantener “su fuerte compromiso” en el mantenimiento de la misma.

Entonces, ¿qué repercusiones inmediatas tendrán para el pueblo cubano estas conversaciones bilaterales, estas nuevas relaciones con Estados Unidos?

No lo sé, pero sí conozco de varias solicitudes y esperanzas por parte de muchos coterráneos, de ellos un gran por ciento joven.
 

Muchos esperan una mayor apertura a la posibilidad de viajes de turismo, estudio y trabajo hacia los Estados Unidos. Con la incorporación de más personal en la futura embajada estadounidense y su postura de aumentar el otorgamiento de visas a cubanos, esta es una posibilidad real.

Otro de los deseos populares consiste en la posibilidad de recibir financiamiento de inversores para los pequeños negocios privados, sociedades anónimas que hagan levantar esta otra cara de la economía cubana en reestructuración.

Mayor agilidad en los procesos migratorios regulares. Posibilidad de acceder a internet de manera popular, y dadas las intenciones de empresas americanas de telecomunicaciones con interés de invertir en Cuba.

Una disminución del costo de la vida en la Isla: pues como ahora no es necesario importar los insumos y demás mercancías desde el otro lado del mundo, se presume el abaratamiento de los alimentos y productos de primera necesidad, que cuando no están ausentes de las tiendas, oscilan sobre nuestras cabezas por sus altos precios. 



Estas son algunas de las peticiones del cubano que no se viste de traje, ni se sienta a la mesa de discusiones. ¿Cuándo podremos disfrutar de estas mejoras? ¿Llegarán a ocurrir? Ya estas son las respuestas que sí tienen que decidirse en el diálogo al cual permanecemos expectantes y en el cual, una vez más, se decidirán el futuro y suerte de nuestro pueblo.

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