¿Dónde quedan las ideas que hace más de un siglo Martí esbozó para hablar de un periodismo de proposición, análisis, reflexión...? ¿Quizá por distantes en la historia, han sido desterradas a un rincón de la memoria? Pudiera ser.
Mas entonces, ¿dónde están presentes los reclamos de María, que desea se hable de la realidad de por qué no hay huevos a la venta? ¿O los criterios de Juan, que no pudo recibir su tratamiento porque misteriosamente desaparecieron los medicamentos que le correspondían?
Estos temas y muchos más son diariamente buscados en nuestros informativos, donde debieran verse representados, mas, en su mayoría, no pasan de ser criterios escuchados a diario entre los cubanos y que no reciben nunca el visto bueno para ser analizados a la luz de nuestro periodismo.
Es entonces cuando la opinión pública, nuestra opinión pública nacional se cuestiona qué hacemos los periodistas. Es entonces cuando nosotros mismos, en las redacciones, en nuestras academias y reuniones nos hacemos la misma pregunta, para terminar por refugiarnos una vez más en el consabido y estricto control de la censura sobre los medios cubanos.
Si miramos en perspectiva, hasta hace unos cinco años atrás la dinámica de trabajo dependía, casi exclusivamente, de lo que dictaba el PCC en sus reuniones con la prensa y de los temas que las diferentes administraciones públicas y estatales solicitaban abordar: cumplimiento en la zafra, sobrecumplimiento en los índices productivos, el nunca mejor estado de la agricultura nacional o la encarnizada lucha contra las ilegalidades protagonizadas por el pueblo.
Rara vez, salvo contadas ocasiones, se pedía una crítica al sistema de gestión empresarial socialista que sumía en la ineficiencia y ruina a ministerios completos, como el del Azúcar; o la necesidad de cuestionar la labor de funcionarios, de entidades enteras, que malversaban fondos y abusaban del poder, como suele suceder en instituciones de administración estatal como el Instituto de la Vivienda.
No, esos temas que el pueblo buscaba en el ejercicio responsable de la prensa se encontraban desterrados de la misma, como si no existiesen, o peor, como si no importasen ni a autoridades ni a periodistas, quienes, en última instancia, daban su nombre y rostro ante el público para hablar de cuántos médico mandaba Cuba al extranjero a devolver la vista a los pobres, mientras los de casa no pueden ni soñar con el “milagro” de esa operación.
Ningún hombre es una isla, y ninguna isla es un mundo, por ello a medida que Cuba ha entrado en contacto con el exterior y su gente ha comenzado a conocer, viajar, leer y escuchar, nuestra sociedad inevitablemente se ha replanteado posiciones, tal como también nuestro periodismo y sus directivos.
Hoy que la dirección del país en voz de su presidente, vicepresidente y otros altos funcionarios sostienen un discurso que anula el secretismo, elimina la autocensura y devuelve en teoría la autodeterminación a los medios de prensa, la coyuntura se muestra indicada para que se pueda cuestionar, proponer, reflexionar, tal como indicaba Martí.
Sin embargo una detenida vista a nuestras publicaciones y espacios informativos, aunque denotan renovación de códigos, de lenguajes, un uso dinámico de la tecnología y el deseo de hacer trabajos más llamativos y con mejor desempeño de la técnica periodística, aún evidencian la no representación de temas de interés masivo necesarios de abordar, sobre todo de aquellos que cuestionan problemas medulares del país.
¿No existen los tópicos? Mas bien existen aún directivos que no se responsabilizan con sus medios o apoyan a sus periodistas en el desarrollo de trabajos investigativos que enriquecerían sus publicaciones y restaurarían la ya dañada confianza del cubano en sus periodistas. También existe un divorcio entre lo que se dice oficialmente y lo que los representantes del oficialismo aprueban y dejan de aprobar en sus áreas de dominio.
“No es el momento oportuno.” “Esa crítica puede ser usada por el ‘enemigo’ para hacer daño a la Revolución.” ¿Entonces cuando se puede decir que la ineficiencia empresarial es debida en muchas ocasiones al desvío de recursos?, ¿en la despedida de duelo de los responsables? ¿O cuál es el contexto para decir que la excelencia del sistema de salud cubano se ha tornado un discurso vacío, que solo creen quienes disfrutan de beneficios pagados por sus gobiernos al contratar a nuestros médicos?, ¿cuándo se estudie dentro de los fracasos históricos, a la par de la zafra de los diez millones?
Pasos en este sentido, como el programa Cuba dice, aún están lejos de lo que queremos y podemos hacer. ¿Seremos capaces de dejar a un lado criterios anticuados y contraproducentes, y vestirnos dignamente con la verdad periodística? Es el deseo de muchos, la intención de unos cuantos y el reclamo de millones que esperan ver nuestros trabajos.



1 comentario:
genial!
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